Palazzo: la CGT necesita una conducción única

“A cualquier dirigente le gustaría ser el conductor”, manifestó.

 

Dos Miradas: Primero, cuéntenos un poco de su vida. ¿Cómo llega Sergio Palazzo al sindicalismo?
Sergio Palazzo: Yo provengo de la militancia política en la Juventud Radical, en el 83. En el 84 ingresé al Banco de Mendoza y, a los pocos meses, me motivó la actividad sindical; por un lado, porque yo tenía ese perfil y, por otro, también porque entendía que el radicalismo había cometido un error en materia de política sindical al tratar de buscar modificar la realidad por vía de una ley y no por poner la impronta radical en la militancia sindical. Entonces, son dos las cuestiones: por un lado, la capacidad de indignarse ante la injusticia laboral y, por otro, un aporte de mi militancia al partido fue que tomé la decisión de participar en el gremialismo.

 
LDM: ¿Con qué políticos y gremialistas del pasado se referencia?
SP: Con políticos, indudablemente, con Raúl Alfonsín. Alfonsín abrió a mi generación la posibilidad de ser protagonista de la historia argentina que modificó para siempre los destinos de este país con las interrupciones democráticas que propiciaban los golpes de Estado, y la verdad es que me siento orgulloso de haber sido parte de esa juventud a la que Alfonsín involucró en la política para que los argentinos tuviéramos democracia por cien años más.
En cuanto a los dirigentes sindicales, sin duda la CGT de los Argentinos es una referencia inexcusable cuando uno habla de sindicalismo.

 
LDM: Y en la actualidad, ¿se siente identificado con algún político o gremialista?
SP: Es muy vasta la cantidad de opciones que existen y creo que no hay un liderazgo concreto que exprese una síntesis hoy. Independientemente de que hay distintos políticos de diversos partidos que sobresalen un poco más que otros, no hay un liderazgo que sea una síntesis como lo fue Alfonsín para toda una generación. Lo mismo en materia sindical, obviamente.

 
LDM: ¿Y respecto de la acción de la gestión actual? Mucho se habló de la salida de Melconian del Banco Nación, ¿cómo era su relación con él y cómo ve la gestión que llevó a cabo en el Nación?
SP: En materia de lo que le competía discutir con nosotros, que era, por un lado, la situación en el Banco Nación de los trabajadores y, por otro, él como presidente de la cámara Bapre y principal negociador del sector financiero en la paritaria, Melconian fue una persona que ayudó mediante el diálogo a destrabar situaciones complicadas y que manifestó un reconocimiento real y racional de los planteos que hicimos. Pudimos tener una muy buena relación.
Con respecto a su función en el banco, si bien mejoró la rentabilidad de la institución, lo hizo a costa de algo que hicieron todos los bancos —también los públicos—, que fue priorizar la especulación financiera sobre la producción. En esencia, el nivel de rentabilidad mejoró por el rendimiento de las lebac que se compraron al Banco Central. Creo que, en esto, faltó tiempo a su gestión para ver si el crecimiento sería una constante o apenas una circunstancia, y quizá se modificase en relación con la línea de préstamos de la producción.
Avanzó en un par de cosas, como un crédito hipotecario distinto del que sacaba Sturzenegger, que era sobre la base de actualización por inflación. El de Melconian era sobre la base de actualización por salario, algo que me parece más correcto, ¿no?

 
LDM: ¿Qué diferencias tiene con la gestión actual de González Fraga?
SP: González Fraga está empezando, así que no podemos hacer una evaluación todavía.

 
LDM: Yendo al paro del día de mañana, ¿cuáles son las expectativas?
SP: La expectativa central es que este paro sea lo más contundente posible para advertir al Gobierno que el camino que ha tomado, vinculado a su política económica, está dejando secuelas muy importantes en la ley de los trabajadores. Vemos que hay caída del empleo, caída de la actividad económica y caída del consumo y una apertura de importaciones que está golpeando fuerte, particularmente en el sector industrial argentino. También hay una intromisión del Estado en el sistema de paritarias que es impropia y no permite el libre juego de la negociación; entonces, creo que el Gobierno tendrá que corregir estas cosas después de la medida de fuerza. Si no las corrige, habrá que intensificar esas medidas.

 
LDM: ¿Por qué se convoca un paro sin movilización?
SP: Si uno analiza la historia de la CGT, salvo cuando hay situaciones muy convulsionadas, de mucho tiempo y mucha data y una constante de medidas, los paros siempre son sin concurrir a los lugares de trabajo. Esto tiene su fundamento también en un hecho importante: si vos habilitás una movilización, tenés que habilitar el transporte, y si habilitás el transporte, aquellos trabajadores que son presionados para ir a trabajar seguramente terminen concurriendo. Además, si hay una movilización y paran todos, incluido el transporte, y pedimos que no concurran, termina siendo una movilización nada más que de la estructura sindical, y dirán entonces que es el aparato sindical y no la gente quien se expresa.
Hay lugares, localidades chicas, donde un paro con movilización se puede hacer porque la magnitud es pequeña, pero hay otros, como Buenos Aires, este gran centro urbano, donde quizá sea más efectivo hacerlo sin concurrencia.

 
LDM: La Asociación Bancaria pide un cambio del modelo económico en varios de sus afiches y sus expresiones. ¿Cómo tendría que ser ese modelo económico?
SP: (…) lo que produce la industria nacional, que no tuviese miedo de subsidiar actividades o servicios porque no todo es una cuenta directa ni se puede someter a ese modo fiscalista de controlar las cuentas: a veces, el Estado tiene que invertir subsidiando para que haya más consumo, y tal vez por el volumen del consumo recupera lo que otorga en subsidios. Hoy vemos que hay una visión estrictamente fiscalista y, sobre todo, de otorgar beneficios a sectores de la economía concentrada que no han generado empleo ni producción ni, mucho menos, inversiones en la Argentina. El presidente trata de estigmatizar la medida de fuerza que estaremos llevando a cabo en el día de mañana diciendo que al país le cuesta 15 000 millones de pesos; lo que no dice es que una decisión política suya costó al país 70 000 millones de pesos, como decidir respecto de las retenciones o de las mineras, que no pagaran determinado impuesto o que pagaran menos. A la postre, uno mira y no ve un crecimiento del empleo en esos sectores ni en el volumen general que, por vía indirecta, deberían generar. No hay inversiones, tampoco, ni bajaron los precios: al contrario, subieron el 40 % en un año; entonces, esa transferencia de recursos fue, por una decisión política, directamente a las cuentas bancarias y los bolsillos de los grandes sectores concentrados. Cuando hablamos de cambiar el modelo nos referimos a cambiar eso.

 
LDM: En caso de que el Gobierno no escuche el paro de mañana, ¿hay un plan de lucha?
SP: Todavía no, pero el movimiento obrero se debe un debate respecto de la necesidad de profundizar las medidas en caso de que el Gobierno no cambie su política.

 
LDM: Fueron públicos los conflictos que hubo en la última marcha de la CGT y, asimismo, las bases manifestaron también ciertas problemáticas. ¿Qué le dicen a usted esas bases?
SP: Hay un cierto descontento con respecto a las políticas, independientemente de que a nuestro sector le vaya mejor que a otros porque el desempleo todavía no empezó a golpear acá y porque venimos de cerrar una buena paritaria, pero los compañeros no son ingenuos y saben que si a la economía le va mal y hay trabajadores que pierden su empleo, tarde o temprano vamos a terminar pagando las consecuencias también. Si hay trabajadores en el circuito formal que pierden su empleo —y el propio Gobierno reconoció 120 000 despidos formales el año pasado—, quiere decir que ya tenemos 120 000 cuentas sueldo menos para administrar, 120 000 préstamos menos, y seguramente vamos a tener 120 000 problemas con tarjetas de crédito, ya por vía de la mora o bien por menos consumo, que implica menos comisiones para los bancos, que son los que nos pagan los sueldos. Entonces, hay un descontento que fluye de a poco, pero que se materializa en esta medida de fuerza, y seguramente en un accionar más duro si el Gobierno no cambia sus políticas.

 
LDM: ¿Cuál es su opinión respecto de la actual conducción de la CGT?
SP: Hemos tenido diferencias porque pensamos que debería haberse confrontado antes. Creemos que el movimiento obrero debería tener un programa que dijese qué opina de la educación, de la seguridad, de la justicia, del trabajo en negro… Pero por sobre las diferencias que hemos tenido, hoy prefiero profundizar la coincidencia en la confrontación con el Gobierno. Lo demás tendremos que discutirlo en un confederal todos los secretarios generales y los representantes de los sindicatos para tomar un camino en ese sentido; hoy hay que priorizar la decisión política que ha tomado la CGT de confrontar con el Gobierno.

 
LDM: ¿Ve posible la conducción de la CGT como está establecida actualmente, en un triunvirato, o piensa que necesita una conducción única?
SP: Creo que el triunvirato fue necesario para lograr la unidad de todos los sectores que estaban dando vueltas, independientemente de que nosotros no integremos el consejo directivo por decisión propia, pero me parece también que, habida cuenta de cómo se desarrolla la situación, el triunvirato no debería ser de todo el mandato, sino que tendría que tener la expresión de un secretario general en un corto plazo. Después de que terminemos de diseñar este esquema de lucha con el Gobierno, debería reverse que el triunvirato no alcance un mandato completo, ya que tiene que haber un solo secretario general.

 
LDM: En ese sentido, es público que mucha gente lo menciona a usted como posible reemplazante del triunvirato, como posible conducción de la CGT. ¿Qué opina al respecto?
SP: Hoy, lo que está en mi cabeza y en mi espíritu es la posibilidad de lograr desde la CGT que el movimiento obrero sea el articulador de la protesta social ante la crisis que estamos atravesando. En lo personal, a cualquier dirigente le gustaría ser el conductor de la CGT, pero no es una cuestión que me quite el sueño. A mí, lo que me desvela es que el movimiento obrero pueda tener un programa que confronte con este modelo político, económico y social y sea el articulador de esa protesta social para que no pase lo que pasó en los noventa, cuando terminamos perdiendo representatividad a nivel de los grupos sociales porque no tuvimos una acción decidida de confrontar.

 
LDM: ¿Cómo es su relación con Hugo Moyano, el último conductor de la CGT?
SP: Muy buena, muy buena. Me llevo bien con la mayoría de los compañeros que están en la CGT. Puedo tener diferencias, pero me llevo bien, y con Hugo tenemos una relación muy buena desde hace años, la seguimos teniendo (amén de que los dos somos hinchas de Independiente).

 
LDM: En el plano nacional, se acercan las elecciones, ¿qué análisis electoral hace?
SP: Yo creo que, en la medida en que no surja desde la oposición un candidato que genere esperanza, el voto de la gente seguirá en una diáspora. Pero si ese candidato que genere esperanza de un modelo distinto al que expresa Macri no aparece, el riesgo es que el voto de los desencantados con el Gobierno termine en un “Que se vayan todos”. Eso es una preocupación.

 
LDM: La última pregunta: como figura opositora, es innegable la de la expresidenta, Cristina Kirchner. ¿Qué opina usted en cuanto a una posible candidatura?
SP: Creo que ella tiene que tener un lugar dentro de ese espacio de la oposición, dentro de su armado intelectual y funcional. Ahora, respecto de su candidatura, mientras ella no exprese si quiere ser candidata o no, me parece que no hay que hablar.

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